Playa del Carmen 24  abril 2015

Por Dulce María Solis Téllez

En el segundo día del Riviera Maya Film Festival como es su cuarta edición quise rememorar esa inocencia de los primeros años de los proyectos que comienzan con el objetivo de proyectar buenas películas y tener un acercamiento con la gente, así que por hoy mi dedicación fue ver filmes, alejada del glamour de las alfombras rojas y las superfluas ruedas de prensa, el resultado fue increíble.

The Forbidden Room (El cuarto prohibido)

Dentro de la programación de Panorama Autoral se presentó The Forbidden Room (El cuarto prohibido) (2015) la nueva película de Guy Maddin, justo salida de la competencia oficial de la Berlinale, es un viaje surrealista acerca de la vida y el amor.

Una película experimental que surge, como la obra anterior de Maddin, del amor a las películas antiguas; ésta es una fusión de dos filmes que Maddin ideó, un remake de películas que en realidad jamás se hicieron, y una que él y Johnson -el co-director- habían escrito durante el mismo tiempo.

Ya más o menos podrán imaginarse de que va esta película tan exótica, pero a la vez tan hermosa y que por lo mismo exige un público sino especializado sí un cinéfilo empedernido, pues no es de fácil expectación, pero se disfruta como ninguna.

Nada que ver con ninguna película comercial, NADA y eso resulta tan refrescante cuando se vive en una ciudad como Playa del Carmen en donde en muchas ocasiones la oferta artística y cultural es más limitada que en otros puntos de la República.

Es una historia con una narración circular, que termina donde comienza y que durante ese proceso nos lleva a un verdadero viaje se imágenes audiovisuales. Con un hilarante pero sofisticado sentido del humor. Refrescante pero a la vez conocida (por eso de las películas antiguas y la estructura, pero transformadas por una nueva sensibilidad).

El filme tiene una lógica onírica, que es lograda gracias a un excelente trabajo de edición, justo como el diálogo de uno de sus personajes lo describe en una escena: sueño, visiones, locura. Se pueden encontrar muchos simbolismos, cuestión que le da un toque poético.

De alguna manera es un “cadavre exquis”. Dentro de los personajes se pueden encontrar desde novios que se convierten en plátanos parlantes, hasta el psicólogo del tren que desvela la niña interior de una pasajera y que es asesinada por su versión adulta, misma que posteriormente le devolverá el hecho. Incluso los créditos son creativos. Definitivamente una película que debe verse si se considera amante del séptimo arte.

Ícaros

Un documental contemplativo, como lo describe su propio director Pedro González Rubio quien vivió en Playa del Carmen durante 7 años y que hoy vuelve a presentar esta pieza que nos muestra a un hombre desnudo (literalmente) y su contacto con la naturaleza y que muy sutilmente nos indica que está bajo los efectos de la ayahuasca.

En el filme se presenta al hombre y su relación con la naturaleza, así como una búsqueda espiritual a través de las plantas de poder. Sin embargo no pretende definir la experiencia de la ayahuasca, sin simplemente traducir  lo que otros sienten, afirmó González Rubio.

El director apostó por no mostrar muchos diálogos, cosa que se agradece porque no hacen falta, las imágenes hablan por sí solas. Quiso enseñarnos el paraíso y la libertad a través de su cámara con la cual según afirma no quiso imponer nada en la vida de quienes estaba retratando, solo jugar con el Fauno, las Hadas y Pegaso (alegorías de los personajes).

Ícaros es parte de la Plataforma Mexicana. El nombre va por dos sentidos, uno que son las canciones de poder del chamán y por otro lado también hace referencia al mito griego.

Durante la filmación según relata el artista se cayó un árbol, muchos mosquitos les picaron y casi lo muerde una víbora venenosa. Encontró un hombre fragmentado, quien es de origen catalán pero que huyó de España a Costa Rica porque según argumentaba: ahí no había milicia (más tarde se daría cuenta que es porque USA los respalda) . Iba en busca de un sabio y encontró a un hombre, quizá se encontró a él mismo. Y reflexiona al final diciendo que la libertad es también un instante.

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