FICM 2021: Review de ’90 días para el 2 de julio’

La homosexualidad retratada en el mundo de la política se ha visto expuesta en numerosas ocasiones, probablemente la mejor de todas sea Milk de Gus Van Sant por la fuerza de su discurso. Pero 90 días para el 2 de julio, opera prima de Rafael Martínez García, poco tiene que ver con aquella obra protagonizada por Sean Penn. Si bien es cierto que los temas centrales son los mismos, aquí son llevados hacia una perspectiva totalmente opuesta mientras igual se tocan otros elementos más íntimos para la exploración del personaje principal.

El principal aliado de 90 días para el 2 de julio es definitivamente su guion (además de la entregada interpretación de Armando Espitia) pues estamos hablando de una trama que tiene un solo escenario como desarrollo durante su casi hora y media de duración lo que hace que se pueda caer fácilmente en la teatralidad —que lo hace por momentos— pero también se logra sacar provecho de los silencios, las miradas, la cotidianidad que le da un punto de mayor realismo cinematográfico a la historia.

Si bien los trazos de personalidad y progresión dramática del protagonista están muy bien conseguidas, los personajes secundarios son los que se sienten un tanto artificiales, sobre todo las escenas de Natalia a quien le da vida la actriz Danae Reynaud, que poco o nada aportan a la trama principal y solo sirven para el desarrollo del personaje principal, lo cual da la sensación de un alargamiento a una historia que bien pudo ser un corto o medio en vez de un largometraje.

Tomando en cuenta esto, 90 días para  el 2 de julio es un ejemplo perfecto de que con pocos recursos (en este caso 1 escenario y 5 actores) se pueden explorar numerosas ideas de una forma atrevida y minimalista, aun quedándose lejos de ser un filme notable, los aciertos son muy efectivos para hacer de su visionado una propuesta por de más interesante.

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