Uno de los pocos aspectos positivos que ha traído consigo toda esta situación de la pandemia debido al COVID-19, es que muchos eventos masivos están buscando la manera de sobrevivir y adaptarse a algo que se encuentra completamente fuera de su control. Hace poco nos enteramos que un titán de la industria del entretenimiento como lo es Disney, ha decidido estrenar Mulán de forma digital (al menos en Estados Unidos y parte de Europa), la cual es uno de los estrenos comerciales más esperados del año y que muchos deseaban ver en una sala de cine. Ante esta situación y el incremento diario de casos sobre este virus, algunos festivales de cine han decidido implementar una experiencia completamente digital, en donde a través de alianzas con plataformas de streaming, han puesto a la disposición del público la mayor parte de su catálogo.

Uno de los festivales que ha implementado este sistema es el Festival Internacional de Cine de Monterrey, que en su edición número 16, ha lanzado su contenido a través de plataformas como Cinépolis Klic o FilminLatino, en donde podremos encontrar ocho largometrajes internacionales en competencia, y la misma cantidad de filmes mexicanos; además de una serie de cortometrajes que estarán disponibles hasta el 20 de agosto, que es cuando esta edición del festival se dará por concluida. Hablando específicamente de los estrenos internacionales, la primera película que elegimos ver fue God of the Piano, la nueva cinta de Itay Tal, director israelí que nos presenta un dilema ético y moral cuando una concertista de piano da a luz y descubre que su bebé ha nacido sordo, por lo que hará todo lo posible por reparar ese «error» de la naturaleza, con la finalidad de preservar un linaje familiar lleno de talento musical en donde ella misma se siente como un fracaso al no haber logrado alcanzar la grandeza que siempre se le exigió.

Conforme pasan los años, Anat (Naama Preis) irá instruyendo a Idan, su hijo, en las artes musicales para que sea capaz de interpretar el piano a un nivel excelso, tal y como lo han hecho diversas generaciones de dicha casta. Es aquí donde empezamos a notar la obsesión de la que es víctima esta familia y cómo el ego, aunado al deseo de siempre cumplir con las altísimas expectativas impuestas por los demás, afecta su propia psicología y la forma en que se comportan. Llevándolos hacia un camino donde al menor descuido, serán capaces de autodestruirse.

Resulta muy interesante cómo este director ha decidido enfocarse en mostrar las causas que llevan a estos personajes a tomar una serie de decisiones que uno podría considerar abominables, sin intentar justificarlos de forma alguna. La idealización de la perfección es un tema que está presente a lo largo de todo el metraje. Es precisamente esta idealización lo que genera que los personajes estén insatisfechos consigo mismos generación tras generación, heredando sus fracasos y frustraciones a su progenie. Son el ejemplo perfecto de una familia tóxica y disfuncional, aderezada con una enfermiza noción sobre la maternidad.

En cuanto a la forma y estilo de la película, se nota que una de las principales influencias para Itay Tal fue el cine de Michael Haneke —incluso se podría hacer una función doble con este filme y La Pianista—. Esto gracias a actuaciones contenidas, el uso de tomas fijas y largas, empleando una paleta de colores poco saturada, lo cual ayuda a crear esa sensación de incomodidad que siempre está presente en la vida de estos individuos. El uso de planos medios y medium close ups nos ayuda a percibir los deseos reprimidos de estas personas, sobretodo los de la madre y su hijo, donde este último claramente desea librarse de toda esta presión impuesta por aquellos que aseguran saber lo que es mejor para él, mientras que Anat, empieza a darse cuenta que necesita dejar de sentirse miserable con su propia vida.

El desenlace seguramente dejará a muchos con más dudas que respuestas y eso se agradece en una película con estas características. No es necesario que se nos explique todo con lujo de detalle y que exista la posibilidad de que el espectador interprete las situaciones, logrando sacar sus propias conclusiones. Tal vez no sea una producción ejemplar, pero la forma en que aborda ciertos temas resulta ser muy intrigante y es sin lugar a dudas, una propuesta más que interesante del cine israelí.

FIC Monterrey 2020: Review de 'God of the Piano'
6.5Nota Final
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