Hacer cine en México es algo muy complicado, pero hacer cine de calidad lo es mucho más. A pesar de la existencia de apoyos gubernamentales para producir cine de autor (los cuales estuvieron en riesgo de desaparecer recientemente), la realidad es que muy pocos cineastas logran acceder a dichos fondos para poder levantar sus proyectos. Cuando la pasión es más grande que las negativas que se pueden recibir una y otra vez, existe un camino alterno. El de crear cine totalmente independiente. Esto es fabricar cine por el mero gusto de hacerlo, pues bajo ese modelo de producción, es prácticamente imposible conseguir una distribución comercial o en su defecto, recuperar la inversión económica destinada al proyecto en cuestión, porque estamos hablando de dinero que sale directamente de tu bolsillo y de todo aquel que decida apoyar tu proyecto.

Por esta razón, el simple hecho de que El diablo me dijo qué hacer exista es digno de ser alabado. Siendo este el cuarto largometraje de Alex G. Alegre y con un recorrido de festivales donde destacan Mórbido Film Fest, Marché Du Film de Cannes y Blood Window, se nos presenta una historia que se centra en un joven con problemas mentales, quien a través de voces que podrían indicar que padece de esquizofrenia, decide secuestrar a un doctor que se dedica a hacer fraudes con seguros médicos para torturarle y hacerlo confesar sus fechorías y pecados. Pero conforme avance el tiempo y el deterioro mental de este chico, se nos irá revelando quién le ha estado dando órdenes, o no.

Uno de los grandes aciertos de esta película es la atmósfera claustrofóbica que logra crear a lo largo de sus 83 minutos de duración, ya que en todo momento se transmite una sensación de inquietud, de que algo no está del todo bien y que al igual que el doctor secuestrado, estamos tratando de averiguar el por qué de las cosas. Su ritmo pausado me recordó al estilo de suspenso que se maneja en el cine oriental de este tipo. El «raquítico» diseño de producción juega a su favor bajo el concepto de menos es más, pues esto logra que nos enfoquemos por completo en sus dos protagonistas y en esa «presencia» amenazante que les rodea. También bebe mucho del cine de tortura donde sin llegar a ser completamente explícita (por motivos de estilo y presupuesto), películas como Saw, Hostel o Martyrs pudieran ser una influencia.

En cuanto a los temas que aborda, resulta más que interesante la exploración de la corrupción dentro del sistema de salud mexicano y los efectos colaterales que puede llegar a tener. Convirtiendo a esta película en una exploración sobre el bien y el mal, sacando a relucir que no existen los extremos para uno u otro lado, sino reforzando la idea de que todo depende de la perspectiva de donde se mira. También hace énfasis en los efectos de la violencia y el ciclo sin fin que esto conlleva. Lamentablemente el guion se queda muy corto a la hora de exponer estos temas dejando una impresión superficial sobre los mismos.

Pese a todo, El diablo me dijo qué hacer reafirma a Alex G. Alegre como uno de los directores más interesantes del cine mexicano y como una promesa constante dentro del cine de género, junto con Isaac Ezban. Solo esperemos que en un futuro cercano, logre tener acceso a un presupuesto mucho mayor para así lograr presentar con mucho más detalle y eficacia todas sus ideas en una pantalla de cine.

Macabro XIX: Review de 'El diablo me dijo qué hacer'
7Nota Final
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