El famoso subgénero rape and revenge siempre se ha visto rodeado de polémica y a decir verdad, no es para menos. Estamos hablando de películas que se enfocan en la explotación gratuita de una agresión y abuso sexual que no solo daña físicamente a la víctima, sino que deja profundas marcas psicológicas de las cuales es muy difícil recuperarse. Hablando específicamente de México, somos uno de los países en que más ocurren este tipo de crímenes, donde a menudo, no existe justicia alguna para las y los damnificados. Tal vez es por eso que este tipo de cine llama tanto la atención. Cumple con la fantasía de hacer justicia por mano propia ante la ineficacia de las autoridades locales, haciendo sufrir al máximo a los perpetradores de dichos crímenes en el proceso.

La Fiesta Silenciosa es precisamente una de las producciones más recientes sobre este subgénero, donde todo inicia cuando una pareja formada por los actores Jazmín Stuart y Esteban Bigliardi llegan a una especie de hacienda que pertenece al padre de ella, quien es interpretado por Gerardo Romano. Esta visita es con motivo de celebrar al día siguiente, lo que será el casamiento entre estas dos personas. Aquí vemos lo típico para este tipo de situaciones, al novio no le hace mucha gracia que el padre de ella pague todo, mientras que a ella, la novia, le comienzan a entrar los nervios sobre un compromiso tan grande.

Son precisamente esos nervios (junto con un par de copas de más) lo que llevan a esta mujer a salir a caminar para despejar su mente, explorando los alrededores de la hacienda y de esta forma, llegando por casualidad a una fiesta silenciosa llena de hombres y mujeres, la cual consiste en que todos los asistentes porten un set de audífonos inalámbricos, para así escuchar la música que está a disposición de todos los que están presentes. Aquí vemos una escena que nos remite en automático a algo muy similar que vemos en The Lobster (2015, Yorgos Lanthimos), para posteriormente llevarnos al punto cumbre que desatará todo el caos en el filme.

En una rabieta completamente entendible, esta mujer decide regresar al lugar donde fue violentada para llevar a cabo la premisa que las rape and revenge prometen, solo para ser interrumpida por su padre y su prometido. Para ser ellos quienes lleven a cabo una venganza que no les pertenece, omitiendo y suprimiendo la voluntad de la víctima en cuestión. La estética visual y la forma en que se desarrolla la violencia evocan el trabajo de Sam Peckinpah con su Straw Dogs del 71′ (pero sin la distinción de clases entre violador y violentada), con estas figuras masculinas portando rifle en mano, buscando a aquellos que lastimaron a «su mujer», a «su hija», esta fémina que bajo su perspectiva les pertenece y como tal, no debe ser ella quien lleve a cabo la venganza, sino estas figuras machistas.

Este es precisamente el mayor problema de la película, pues a pesar de tener un buen manejo del suspenso y una actuación destacable por parte de Jazmín Stuart, la trama no es lo suficientemente fuerte para soportar los distintos tipos de películas que quiere ser. Tanto intenta ser un pobre retrato del feminismo, como un mensaje concientizador en contra de la violencia innecesaria, además de por supuesto, ser un filme rape and revenge. Es este choque de estilos es lo que termina por destruir todo lo bueno que venía mostrando, pues al final no se llega a ningún punto. Ni a la ambigüedad moral que pretende crear, como tampoco a la satisfacción visual de una venganza consumada a medias.

La fiesta silenciosa es un proyecto fallido desde su concepción y solo logra que nos preguntemos nuevamente si este tipo de cine (que explota lo más posible el abuso en contra de una mujer como mera gratificación visual claramente masculina), debería seguir existiendo si no tiene nada que decir o aportar ante una problemática tan real y urgente como los temas que toca.

Macabro XIX: Review de 'La Fiesta Silenciosa'
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