No hay amor por la vida sin desesperación por la vida.

Albert Camus

«Dime que tuve una buena vida, dime que fui un hombre bueno.» Esto es algo que el veterano de guerra James Ryan pregunta a su esposa después de visitar la tumba del hombre que se sacrificó para lograr salvarle durante la Segunda Guerra Mundial en Saving Private Ryan (Steven Spielberg, 1998), obra que refleja los horrores bélicos y la culpa de sobreviviente de dicho personaje. Esta escena también es un ejemplo perfecto sobre los cuestionamientos existencialistas que, de forma inevitable, muchos de nosotros nos hemos llegado a hacer en algún punto de nuestras vidas, pero que siempre se verán reforzados hacia nuestra etapa de vejez. Cada año nuevo que se cumple es una invitación a preguntas y análisis personales sobre si hemos hecho suficiente; si hemos alcanzado y cumplido nuestras metas, si todo ha valido la pena. De igual forma comenzamos a analizar nuestros muchos o pocos errores. Las cosas que dejamos de hacer porque pensamos que tendríamos más tiempo; la imagen de las personas a las que debimos valorar y no lo hicimos, a los que lastimamos, a los que amamos. Tal vez esto tenga que ver con que nuestra especie tiene fecha de caducidad y como tal, muchos tememos llegar a la etapa final de nuestras vidas. El final del camino. Pero sobre todo, creo que muchos a lo que verdaderamente tenemos miedo es al haber vivido sin vivir. Tener una vida invisible que a posteriori nos llevará al olvido. Coco (Lee Unkrich, 2017) aborda este tema de cierta forma —y bastante empalagosa— al igual que A Ghost Story (David Lowery, 2017) la cual es mucho más fría y melancólica sobre el mismo. Pero creo que nadie esperaba que The Irishman, la nueva película de Martin Scorsese, también se adentrase en estos terrenos al tratarse de una película sobre gangsters, los cuales han sido una pieza fundamental dentro de la filmografía de este director neoyorquino.

Es así que The Irishman nos presenta a un conductor de camiones llamado Frank Sheeran (Robert De Niro) el cual se encarga de transportar pedidos de carne a lo largo del estado de Pennsylvania. A través de una serie de eventos fortuitos entra en contacto con Russell (Joe Pesci) líder de la familia criminal Bufalino al noreste del estado. Esta relación se desarrolla poco a poco cuando Frank comienza a venderles carne y posteriormente, hace encargos para esta familia, los cuales le terminan por convertir en un sicario para la mafia. Conforme la trama avanza, veremos cómo estos actos irán moldeando la mente y moralidad del protagonista, así como también la de aquellos que le rodean. Además del tema de la mortalidad, otro de los temas centrales que esta película nos presenta es el del significado de la amistad y la lealtad. La película nos irá presentando a una serie de personajes que serán pieza fundamental en la vida de Frank y con los cuales seguramente muchos podremos empatizar o no. Pero esto no despoja en absoluto que Scorsese cuestione los actos de un hombre que por mucho que ame a su familia y amigos, sea capaz de cometer actos atroces, actos que podrán incomodar a muchos de nosotros mientras somos testigos de ellos.

“Estos placeres violentos tienen finales violentos y en su triunfo mueren, como el fuego y la pólvora, que al besarse, se consumen”.

William Shakespeare

Resulta muy interesante que alguien que siempre ha sentido fascinación por los gangsters y la mafia, al igual que el «glamour» que es capaz de otorgar a los involucrados, haya optado por presentar una visión mucho más melancólica y sobre todo, dolorosa sobre este inframundo. Lleno de personajes que serán juzgados severamente por otros y por sí mismos debido a sus propios actos, llegando así el remordimiento y la culpa inexcusable, de la cual siempre será imposible escapar por más que lo intenten. Tal vez esta fue la principal razón por la cual los estudios y productoras de cine se mostraran reacias a las solicitudes de apoyo financiero para este proyecto tan arriesgado para una época que está siendo definida por su habilidad de crear y producir productos en masa, donde a través de un ensayo para el New York Times el propio Scorsese disecciona este nuevo tipo de cine, el cual prefiere no arriesgar para no perder dinero. Afortunadamente, Netflix decidió apoyar al proyecto, el cual estará disponible a fines de noviembre a nivel mundial a través de su plataforma digital de streaming, asegurándose lo que probablemente se convierta en una magnum opus de un cineasta que cuenta con una de las trayectorias más ricas e importantes dentro del séptimo arte. Lamentablemente, esto conlleva que el estreno en cines de una película que debe ser experimentada en una sala de cine sí o sí, sea prácticamente limitado. Esto no es culpa de Netflix en lo absoluto, ya que sin ellos esta gran obra jamás podría haber existido en primer lugar, con la evidente libertad que se le otorgó un autor como Scorsese.

Nada puede durar tanto, no existe ningún recuerdo por intenso que sea que no se apague.

Juan Rulfo

Mucho se ha hablado también de la extensa duración de The Irishman, al contar con 209 minutos de duración y que, a primera instancia, pareciera que podría ser un factor en contra pero curiosamente, es uno de sus puntos más fuertes. La editora Thelma Schoonmaker realiza uno de los montajes más precisos e infalibles que haya tenido oportunidad de ver. Cada momento, cada escena aporta algo al relato completo. Nada sobra y es justo eso lo que nos permite experimentar al máximo todo aquello que pasa por la mente de los personajes. El ejemplo perfecto de esto es la sutileza con la que se maneja la relación paternofilial entre Frank y su hija Peggy, quienes comparten escenas muy esporádicas y específicas, que gracias al montaje final obtienen un peso y significado enormes ante los cuales lo único que podemos sentir es una enorme pena hacia estas dos personas. Es aquí donde el aura nostálgica y melancólica que había mencionado previamente inunda la psique de cada hombre y mujer que vemos en pantalla. El resentimiento y la culpa se manifiestan en cada puesta en escena, incrementado a cada segundo que pasa hacia su recta final, convirtiendo así a este filme en un lamento constante de arrepentimiento, de actos imperdonables y de temor a la soledad, al olvido y a la muerte.

The Irishman nos viene a probar nuevamente (como si hiciera falta) del enorme talento y sensibilidad que Martin Scorsese posee y que, con el paso de los años, ha ido perfeccionando al grado de crear una obra tan compleja y gratificante como no se había visto en el cine en mucho tiempo. Tal parece que todos los trabajos en los que Scorsese se ha visto envuelto tanto como director y productor, le han llevado a crear esta película, la cual sirve como la máxima definición de lo que Martin Scorsese representa, además de recordarnos la grandeza que el cine nos puede ofrecer cuando se aborda un proyecto por amor y pasión al arte en lugar de pensar en la cantidad de dinero va a recaudar en taquilla, porque al final, algún día ya no tendremos a Marty entre nosotros, pero sí a su legado. Eso es algo que jamás podrá ser borrado. Es simple y sencillamente invaluable.

Review de "El Irlandés"
Positivo
  • Joe Pesci ofrece una interpretación titánica
  • La magistral clase de dirección de Scorsese
  • El guion de Steve Zaillian
Negativo
  • Al ser producción Netflix, es una lástima que no cuente con el estreno en cines que se merece
10Nota Final
Puntuación de los lectores: (4 Votes)
8.0