Sin duda, Chucky es uno de los slashers más icónicos de la filmografía de horror de todos los tiempos y que no había recibido una actualización como si la habían tenido ya Michael Mayers, Freddy Krugger, Leatherface y Jason Voorhees. Pero todo esto queda atrás ahora que se ha retomado al personaje para darle una actualización a nuestros tiempos y para ello el director Noruego Lars Klevberg, un novato con apenas un par de películas, tiene la difícil tarea de volver a atemorizar a las audiencias con la idea de que un juguete puede perder el control y volverse en contra de sus dueños.

Precisamente la trama que pareciera salida de un capítulo de Black Mirror nos presenta a Karen Barclay, una madre soltera que divide su vida entre trabajar en un supermercado, criar a su hijo, Andy, y pasar tiempo con su novio en turno, lamentablemente no le da el tiempo suficiente para ser eficiente en las tres actividades por lo que decide regalarle el juguete de moda, Buddi, a su hijo, Andy; lamentablemente ella desconoce la verdadera naturaleza del juguete, el cual al parecer esconde un siniestro secreto.

La trama en esencia es muy similar a la original, lamentablemente, una de las partes fundamentales y terroríficas de la versión de 1988 ha sido dejada de lado, me refiero al rito vudú y  sus repercusiones en el juguete, ahora responsabilizando a la tecnología, situación que es ya en estas alturas de la era poco original pero suficiente para justificar la trama. El problema radica en el pésimo guión de Tyler Burton Smith, cuya trama no solo es inverosímil, sino que peca de querer convertir la cinta en una comedia de horror como lo fueron las últimas entregas de la saga, situación que no sale termina en nada nuevo. Otro problema mayor es sin duda los huecos en el guión que te dejan con muchas dudas con respecto a la verdadera naturaleza del muñeco diabólico y sus acciones.

El mayor peso en la parte actoral recae en Gabriel Bateman quien interpreta a Andy, lamentablemente de una forma poco convincente y que nunca te lleva a los niveles de horror de su versión antecesor. Otro punto importante es sin duda el doblaje que recibió Buddy, el cual recayó en la experimentada actuación de voz de Mark Hamill, quien aunque intenta imprimirle esta personalidad sádica y asesina, el diseño del personaje, el cual deja de ser un alma humana atrapada en un juguete por una inteligencia artificial que termina limitando las intenciones fonéticas, que el actor hubiera querido agregar para que fuera más redonda la interpretación.

Por último es importante también platicar del diseño horrible que tuvo el juguete. El Chucky original contaba con un diseño bonito y agradable, que parecía inofensivo  y eso era parte del mood que lograba horrorizarte, ahora esta versión se ve mal desde un inicio, sin contar sus versiones de oso de felpa, las cuales hacen que sea más surreal la trama.

Lamentablemente Child’s Play o el Muñeco diabólico se una a la larga lista de películas  cuyo reboot no estuvo ni de cerca con la calidad de la original y ahora solo nos resta esperar a ver la serie de televisión que a parecer si sera parte del canon oficial de trama original. Al final esta película se ve más afectada por sus momentos que buscan ser graciosos y que terminan dando un poco de pena ajena.

Review de 'El Muñeco Diabólico'
Lo Bueno
  • originalidad para crear nueva trama
Lo Malo
  • Guión
  • Chucky o Buddi
5Nota Final
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