Tal vez muchos no lo sepan, pero entre 1970 y 1980, Walt Disney Studios estaba sufriendo graves problemas económicos debido al poco éxito de sus proyectos animados y live-action de aquel entonces. Incluso, el 70% de sus ingresos de esas fechas provenía exclusivamente de sus parques de atracciones. Cintas como Los Aristogatos, Mi Amigo El Dragón, Robin Hood o Tron fueron estrenadas en el transcurso de estos años sin obtener un gran éxito en taquilla. Poco a poco las producciones fílmicas de Disney se iban reduciendo tanto en calidad como en cantidad, hasta que llegó un hombre llamado Michael Eisner, quien fue lo suficientemente inteligente para darse cuenta de que, si las cosas se hacían bien, el mundo del cine era básicamente una mina de oro para Disney. Al poco tiempo desde su ingreso, una de las primeras acciones que llevó a cabo fue la de facilitar al consumidor encontrar material audiovisual de Disney a través del formato casero de videocassete (VHS). Llevar a cabo esta operación implicaba muy poco costo para la compañía, pero significó una gran fuente de ingresos, los cuales fueron re-invertidos en mejorar su departamento de animación al fichar a Roy Disney como jefe de dicho departamento.

Fue así que en 1989 llegó La Sirenita, una de las películas más famosas y queridas de dicho estudio, la cual ganó dos premios Óscar (Mejor Canción y Mejor Banda Sonora), además de ser muy bien recibida en la taquilla. Posteriormente llegó La Bella y La Bestia (la primera cinta animada en ser nominada a Mejor Película), luego le siguió Aladdinpara que por fin en 1994 llegara El Rey León. Una película que marcó un antes y un después en el mundo de la animación, además de ser uno de los proyectos más arriesgados de Disney hasta ese momento, ya que jamás habían realizado un filme completamente diseñado alrededor de protagonistas que fueran animales, en donde no existiera ninguna clase de intervención humana. También hay que tomar en cuenta que los directores y compositores habituales de la casa del ratón, en ese momento se encontraban comprometidos con otros proyectos, por lo que la dirección cayó en manos de los novatos Roger Allers y Rob Minkoff, además de encargar la banda sonora a un hombre poco conocido en esos años, Hans Zimmer, quien terminó ganando el Oscar gracias a sus hermosas composiciones. Pero el verdadero riesgo de esta película recae por completo en su historia, la cual no se basó en ningún material preexistente de Disney o cuentos clásicos para niños, sino más bien, en tomar inspiración de una de las obras más famosas de la literatura: Hamlet. Aunado a esto, el estreno de El Rey León se llevó a cabo en pleno verano del 94, a diferencia de sus predecesoras que usualmente se estrenaban a finales de año, durante las festividades navideñas. Esto significó que nuestro amigo Simba debía enfrentarse en la taquilla a películas como Mentiras Verdaderas, Speed y Forrest Gump. ¿Cuál fue el resultado? En tan solo seis semanas desde su estreno, se convirtió en la película con mayor recaudación en taquilla de Disney hasta ese momento. Para cuando por fin se vendió en formato casero, se convirtió en el VHS mejor vendido de la historia.

Seguramente te preguntarás por qué te estoy contando todo esto. La razón es muy sencilla. Quiero dejar lo más claro posible que El Rey León no solo es uno de los mejores trabajos de Disney, sino una gran película en toda la extensión de la palabra. Está llena de personajes entrañables y carismáticos con los cuales logramos crear una gran conexión y sentir una gran empatía hacia ellos. Su trama, gira en torno al asesinato del padre del personaje principal de la historia, a manos de nada más y nada menos que el hermano del difunto y tío del protagonista. Es una historia muy madura y oscura para los estándares del cine de animación de los 90. Una cinta que resalta mucho sobre todas sus predecesoras.

Es así como llegamos al año 2019, donde en los últimos años, Walt Disney Studios se ha enfocado en «readaptar» muchas de sus películas animadas a cintas live-action. Esto inició de cierta forma en 2010 con Alicia en el País de las Maravillas, para reafirmarse con Maléfica (2014), Cenicienta (2015), El Libro de la Selva (2016), La Bella y La Bestia (2017), Dumbo (2019) y finalmente, la «nueva» versión de El Rey León. Para cuando se anunció la creación de este filme, muchos nos preguntamos cuál sería realmente la conversión de cinta animada a live-action, tomando en cuenta que todos los personajes eran animales. Pero al menos de mi parte, le di el beneficio de la duda luego de que se diera a conocer que sería Jon Favreau quien tomaría el cargo como director de la película, quien para sorpresa de muchos, hizo un gran trabajo con la nueva versión de El Libro de la Selva, pues a pesar de mantenerse fiel al núcleo de su historia y personajes, le logró imprimir nuevas vertientes narrativas que la enriquecen y convierten en algo muy distinto al trabajo en el que se basa. Se esperaba que ocurriera algo similar en este nuevo y ambicioso proyecto pero desafortunadamente, no fue así.

El problema que tiene esta adaptación de El Rey León se resume en que es un proyecto donde es evidente que decidieron no tomar ninguna decisión de riesgo para mejorar o expandir la experiencia original, apelando a la nostalgia a través de la recreación casi exacta del material fuente; escena por escena, diálogo por diálogo, canción tras canción. La animación fotorrealista con la que todos estos animales fueron cuidadosamente diseñados a través de efectos visuales por computadora es apabullante, pero les despoja por completo de cualquier sello de identidad y personalidad, convirtiéndolos en un fantasma de aquello que solían ser. En pantalla solo vemos animales que lucen reales, pero son incapaces de transmitir emoción alguna al espectador —exceptuando las actuaciones de voz—, ya que sabemos que la magia está ahí, pero simplemente no logras verla o sentirla. Es una experiencia completamente vacía e insatisfactoria, solamente equiparable al trabajo que alguna vez llevó a cabo el director Gus Van Sant con su hueco e innecesario remake de Psicosis (1998).

Creo que es hora de aceptar que el Disney que solíamos amar ya no existe. El de hoy en día es solo una ilusión, un mero reflejo de la grandeza, creatividad e innovación que alguna vez poseyó, pues me queda claro que su objetivo actual, es el de explotar al máximo todos y cada uno de sus recursos para tratar de obtener la máxima remuneración económica posible. La calidad ya no importa, la opinión del espectador tampoco, siempre y cuando se tenga un éxito en taquilla asegurado con tan solo mencionar el nombre de un proyecto. Debido a esto prefiero revisitar un mágico pasado, a este triste y hueco presente.

Review de 'El Rey León'
Positivo
  • El apartado visual es impresionante
  • Las secuencias de acción
  • Nos recuerda la grandeza del filme original
Negativo
  • El doblaje de Simba adulto es muy malo (en español)
  • La historia no aporta nada nuevo al mantenerse exactamente igual que el filme original
  • Es una experiencia completamente artificial, sin corazón
5Nota Final
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6.3