El próximo 29 de octubre, en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia, se estará proyectando en Cinépolis Centro y Cinépolis Klic, el cortometraje Revolykus del director Víctor Orozco, el cual forma parte de la Selección Oficial a Cortometraje Mexicano de Animación de este año y funciona como una métafora sobre lo que significa ser un migrante y la incertidumbre del futuro.

A continuación te comparto la entrevista:

  • Haber estudiado diseño industrial y posteriormente obtener una maestría en cine podría parecer un giro de 180° ¿Qué te llevó a reenfocar tu carrera hacia este rubro y llevarlo a cabo específicamente en Alemania?

Para mí, el cine era algo inalcanzable. En esos tiempos, a mediados de los 90 se grababa aún con película de cine. Así es que veía mi deseos como solamente un sueño y mi necesidad de creación la logré pragmáticamente con el diseño industrial. En el 2000 tuve la fortuna de comprar una computadora Mac que tenía incluida la primera versión de un software de edición llamado Final Cut. Además, justo en ese tiempo empecé a experimentar con  un pequeño programa llamado Macromedia Flash para animación. Fue asombroso y completamente accidental, pero fue así que finalmente el cine estaba al alcance de la mano. Después de varios experimentos me di cuenta de mis limitaciones y en el 2002 decidí aplicar para estudiar cine en la Universidad de Guadalajara y en la Escuela  de Bellas Artes de Hamburgo. Por azares del destino solo me aceptaron en Alemania, me fui para allá y lo deje todo sin pensarlo dos veces.

  • ¿Qué ventajas te ha brindado el haber estudiado diseño industrial a la hora de hacer cine y de qué forma el vivir en el extranjero ha influenciado a tu obra?

Desafortunadamente para mí, la inspiración no me llega así como las hojas de tamal que caen del cielo. Necesito todo un proceso de reflexión y de creación que requiere cierta disciplina y que creo que la aprendí haciendo diseño industrial.  El vivir en el extranjero me sirvió para darme cuenta de lo que realmente era mi cultura mexicana. Pero en cuanto al cine, creo que lo que mas me influenció fue la fortuna de contar con grandes profesores en mi escuela en Hamburgo como Gerd Rosher, Wim Wenders o Pepe Danquart. Así descubrí un mundo cinematográfico que para mí era algo totalmente nuevo y radical. Algo que estaba fuera de la esfera de influencia del cine de Hollywood.

  • Hace algunos años creaste Ambulart, una muestra de cortometrajes que pretendía aumentar la exposición de cortometrajes iberoamericanos con exposición en Alemania, México y Ecuador ¿Qué fue lo que hizo que este proyecto tan interesante fuera puesto en pausa? ¿Existen planes para traerlo de vuelta?

El proyecto se fundó en 2005, era muy gratificante pero requería mucho trabajo ya que lo organizábamos solo entre dos personas. Pero en 2012 tuvimos que afrontar la decisión de seguir organizando el festival o seguir haciendo cine. Desgraciadamente no nos preparamos para esta situación y no incluimos a otras personas que pudieran tomar la estafeta. Aun así creo que para mí fue fundamental para entender como funcionan los festivales y cómo es el proceso de selección. Anteriormente tomaba los rechazos de los festivales de manera personal y creía que mi trabajo no valía la pena. Pero gracias a ambulart aprendí que hay miles de motivos para que un corto no sea incluido en la programación y que era muy importante encontrar los festivales que realmente estaban interesados en el tipo de trabajo que yo hago. Ahora bien no creo que ambulart se pueda realizar de nuevo pero como dicen los sabios; fue bonito mientras duro.

  • A lo largo de tu carrera, has navegado entre el cine documental y el de animación ¿ha existido algún momento en que te hayas visto interesado en crear alguna obra de ficción live-action?

Mis primeros dos cortometrajes eran de ficción animada y también hice un pequeño corto de ficción live-action llamado “El teatro de la Crueldad”. Pero llego un momento donde mi interés por el documental fue mucho más intenso. En 2006 hice un corto de animación llamado “La letra con sangre entra” que por cierto fue mi primer trabajo que fue aceptado para participar en el FICM y en el cual el audio era documental. Me gusto mucho esa mezcla ya que la animación tiene la tendencia de ser muy fantasiosa y el audio documental hacia que el corto volviera a la tierra. También tuve la suerte de que fuera incluido en el festival Dok Leipzig junto con otros cortometrajes documentales animados y fue la primera vez que tuve consciencia de que algo así existía. De nuevo otro accidente marcó el rumbo de lo que hacía y a partir de ese momento decidí concentrarme totalmente en el «Animadoc».

  • Analizando tu obra, se podría decir que tu sello característico es transmitir melancolía, reflexiones personales y hasta cierto punto, pesimismo. ¿Consideras que esto es así y por qué?

Sí, así es. Yo no hago uso de la narración tradicional. Me gusta más el formato de prosa poética para desarrollar mis ensayos. Creo que es un formato que me permite poder expresar mis reflexiones personales de una manera subjetiva y más libre. Generalmente doy prioridad a la transmisión de emociones y sentimientos que al mensaje. Creo que así puedo brindarle más libertad de interpretación al público. Lo de la melancolía y el pesimismo me gustaría evitarlo pero es algo que hago siempre inconscientemente. La creación es una bestia autónoma y no vale la pena luchar contra ella.

  • ¿Cuáles son tus impresiones al haber obtenido un lugar en la selección oficial de animación del FICM por tercera ocasión en un año tan peculiar como lo es este 2020?

Cada vez que me inscribo para participar en el FICM soy consciente de que puedo no ser aceptado. Así es que la veces que lo he logrado han sido una gran satisfacción. Este año es muy triste para mí. Creo profundamente en el poder de la sala de cine, en su capacidad de absorber al público de la realidad, es la mejor manera de apreciar el cine con las mejores condiciones técnicas. Ahora por la pandemia es necesario hacer uso de las proyecciones online. Pero en estos tiempos de multitasking el público ve cine online mientras chatean con la abuelita en el Whatsapp, ven porno, escuchan su lista favorita de Spotify y se preparan unas quesadillas. Las condiciones no son las perfectas, pero hay que comprender que es la mejor solución por el momento. En todo el mundo la cantidad de festivales que han sido cancelados es enorme. Afortunadamente hay festivales guerreros que hacen hasta lo imposible para poder llevarse a cabo. Y me da mucho gusto que el FICM sea uno de ellos.

  • ¿Qué mensaje te gustaría dejarle a la audiencia a través de un trabajo como Revolykus?

Más que mensaje me encantaría que pudieran sentir la soledad que sufre el inmigrante, la sensación de un mundo que se cae a pedazos y el miedo a un futuro que parece muy oscuro.

  • ¿Podrías compartir un poco sobre tus próximos proyectos y dónde podemos disfrutar de tu obra?

Al finalizar la ronda de festivales subo mis cortometrajes a internet. Creo en el Open Source, en compartir. Y si alguien tiene interés, puede encontrar fácilmente una parte de mi trabajo en la plataforma de Vimeo. Acerca de mi próximo proyecto aun no tengo nada claro. Generalmente empiezo a animar y como a la mitad del proceso me doy cuenta de qué es lo que quiero realmente. Me gusta trabajar como en el documental, sin guion ni storyboard. Primero genero el material audiovisual y después hago el montaje. Creo que así puedo ser más fiel al género documental. En estos momentos solo estoy experimentado con diferentes materiales y técnicas. Para mí hacer animación es muy aburrido ya que es un proceso muy lento y repetitivo. Por eso en cada corto de animación intento cambiar de técnica. Mi corto anterior llamado “32-Rbit” era rotoscopia y ahora con “Revolykus” use Stop motion. Así es que estoy buscando un nuevo reto técnico para poder ponerle un poco de sabor al caldo.