TIFF 2020: Review de ‘Limbo’

¿Alguna vez has experimentado la sensación de estar físicamente en algún lugar, pero no pertenecer realmente a este? Puede ser desde tu pueblo natal hasta una ciudad que visites o incluso un país. Este sentimiento a veces se da mientras asistimos a reuniones sociales, fiestas o incluso relaciones sentimentales. Nuestra brújula interna nos dice que somos ajenos a las personas que nos rodean en ese momento, lo cual nos hace experimentar una sensación de desasosiego, como si tuvieras un vacío interno y a veces, te sientes completamente solo e incomprendido.

El director Ben Sharrock aborda de cierta forma esta amalgama de pensamientos y sentimientos en Limbo, su película más reciente, en la cual se nos presenta a un grupo de refugiados donde un personaje sirio llamado Omar (Amir El-Masry) toma el protagonismo. Estas personas se encuentran radicando como refugiados políticos en una isla ficticia ubicada en algún punto de Escocia. Los vemos interactuar con los locales a través de situaciones que rayan en el surrealismo y que roza la comedia de forma muy sutil. Además, uno de los grandes aciertos por parte de este director fue evitar que la figura del hombre anglosajón, occidental, fuera quien nos indicara el rumbo de esta historia. También evita en gran medida la explotación simbológica del refugiado y de todo el drama que usualmente se genera alrededor de este en trabajos más habituales dentro del séptimo arte.

El estilo visual de Limbo es muy frío, haciendo uso de un diseño de producción muy minimalista, al igual que la fotografía a cargo de Nick Cooke, quien nos entrega encuadres verdaderamente hermosos, aprovechando al máximo el entorno que rodea a los personajes. A veces sientes como si estuvieras viendo una película del griego Lanthimos en cuanto a su manejo del humor, cuando los protagonistas son graciosos sin intentar serlo.

Sharrock enfoca su lente en Omar y en su constante lucha interna por encontrar su lugar en un mundo que es completamente nuevo y ajeno para él. Por un lado desea formar parte de su nueva comunidad, pero sus deseos se ven mermados a través de una serie de experiencias que se ven reforzadas a través de la figura simbólica de su laúd árabe, el cual perteneció con anterioridad a su abuelo y que carga consigo en todo momento. Cuando ve que sus compañeros de viaje intentan adoptar estilos y costumbres que no entienden solo por encajar, su conflicto personal incrementa.

Al final, la película no pretende dar respuestas de ningún tipo ante la temática que aborda, pero sí se siente como una bocanada de aire fresco para este tipo de cine, pues se aborda desde una visión que nace del respeto y la empatía de alguien que conoce de primera mano estos temas y experiencias. Limbo es una película que en cierto modo nos recuerda lo impredecible que puede ser el mundo y cómo nunca debemos olvidar quiénes somos en realidad, aun cuando nos hayamos tenido que adaptar para sobrevivir.

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