TIFF 2020: Review de ‘Spring Blossom’

En la actual cultura de la cancelación, uno pensaría que el hecho de que exista una historia sobre el romance entre una chica de 16 años y un hombre maduro de 35 años sería un completo escándalo. No por nada un personaje como Harvey Weinstein terminó en prisión y se sigue persiguiendo a figuras como Woody Allen y Roman Polanski (con justa razón). Pero la verdad sea dicha, este tipo de historias usualmente se narran desde una perspectiva masculina, que como es de esperarse, en la mayoría de las ocasiones se enfocan en el aspecto sexual de la misma. Ejemplos sobre esto sobran tales como Bambina (1974), Lolita (1962, 1997), The Lover (1992), Claire’s Knee (1970) por mencionar algunos de los más obvios en cuanto a la característica antes mencionada.

Afortunadamente este no es el caso con Spring Blossom, una película escrita, dirigida y protagonizada por Suzanne Lindon, con tan solo 20 años y que hasta donde se cuenta, está inspirada en una experiencia personal de esta joven. Como mencioné anteriormente, la trama se centra en el desarrollo de esta relación ya que Suzanne (también se llama así la protagonista) se siente aburrida de tratar con gente de su misma edad. Por eso cuando conoce a alguien mayor, se ve intrigada y posteriormente cautivada por dicha persona. La ventaja es que en lugar de enfocarse en la explotación sexual, la cinta se inclina hacia la exploración personal y la tentación de aquello que no debe ser. Mentiría si dijera que jamás me he visto atraído hacia una mujer de mucha más edad que yo y, seguramente tú querido lector o lectora, también te has sentido así en algún momento.

Spring Blossom puede ser tachada de banal pero yo no estaría de acuerdo ya que me parece que Suzanne logra abordar un tema muy delicado con mucha gracia y elegancia. La sensualidad está ahí, pero no es explícita. Encuentra formas muy creativas para representar la intimidad entre sus dos personajes centrales. Las miradas, caricias, sonrisas y silencios nos expresan con mejor detalle todo aquello que sienten y experimentan Suzanne y Raphaël (Arnaud Valois).

Sorprende sobremanera el enorme talento que posee esta chica para representar en pantalla una historia que escribió a sus 16 años. El manejo actoral es adecuado, el ritmo es el correcto para una historia de estas características, la fotografía es bella e intimista al igual que las piezas musicales elegidas —mención especial para la canción que cierra la película, la cual también es interpretada por Suzanne—. Es difícil no terminar encantado con este trabajo tan lindo y honesto, ya que no se siente vulgar en ningún momento, sino más bien honesto.

No se le debe perder la vista a esta joven directora porque estoy seguro de que sus siguientes películas darán mucho de qué hablar.

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