TIFF 2020: Review de ‘True Mothers’

Una de las películas que más disfruté en esta edición del Toronto International Film Fest fue True Mothers (Asa ga Kuru, «Comes Morning»), una película dirigida por Naomi Kawase y que aborda el concepto de la maternidad de una forma muy interesante. Dicha cinta es una adaptación de la novela escrita por Mizuki Tsujimura y nos cuenta cómo una pareja que ha luchado por tener hijos, finalmente decide adoptar a un bebé. Seis años después de estos eventos, reciben una llamada telefónica de una mujer llamada Hikari, quien asegura ser la madre biológica del niño y que desea “recuperarlo”.

A través de un montaje muy cuidado, el pasado y el presente se convierten uno solo, para mostrarnos bajo qué circunstancias se dio el embarazo de Hikari y por qué decidió dar a su bebé en adopción en primer lugar. Somos testigos de la pérdida de la inocencia de esta joven de 14 años y el dolor que todo esto conlleva, de la misma forma que la pareja sufre por no lograr concebir un hijo, en especial Kiyokazu (el hombre) pues es bien sabido que en la sociedad japonesa aún predominan muchos conceptos e ideologías machistas, donde el no poder procrear puede considerarse como una señal de debilidad; el ejemplo perfecto de la masculinidad frágil.

Es en su recta final cuando ambos mundos convergen y cuando el título otorgado a la película cobra todo el sentido del mundo. La directora Naomi logra crear algunos de los momentos más intimistas y trágicos que haya visto en el cine japonés (el cine asiático es famoso por ello) sin caer en el melodrama que se suele encontrar en producciones estadounidenses. Aquí el ritmo pausado y la bella fotografía se ven reforzados por un juego de miradas y sensaciones que todos estos actores logran transmitir a la perfección, donde el diálogo viene sobrando a menos que sea absolutamente necesario para dejar frases marcadas en tu memoria por lo dolorosas que resultan ser.

True Mothers explora con gran autenticidad el amor incondicional que se puede tener hacia alguien a quien tengamos el honor de llamar hijo o hija, madre o padre. Porque ser padres y madres, hijos o hijas va más allá de algo tan simple como un vínculo sanguíneo, es una conexión que nadie puede ni debe romper cuando existe amor verdadero de por medio.

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