TIFF 2021: Review de ‘Aloners’

Una mujer se despierta en una habitación a oscuras. La única fuente de luz proviene de una televisión ubicada frente a la cama en la que se encuentra acostada. El volumen se encuentra activo día y noche, sin interrupciones de por medio. En cuanto sale de la habitación, vemos que el resto del departamento también cuenta con una pobre iluminación. La mujer se viste con ropa holgada y de colores poco saturados. Enciende su teléfono y sale rumbo al exterior no sin antes colocarse un par de audífonos en los oídos. Es casi como ser testigos de un ritual que nunca cambia. Ya en el el exterior, cruza camino con uno de sus vecinos quien parece comentarle algo a lo que ella no presta atención mientras sigue caminando. Posteriormente toma rumbo hacia su trabajo donde funge como agente de atención a clientes bancario donde, a pesar de ser la persona más eficaz en su puesto, es sumamente notorio que no le causa satisfacción alguna, ni personal o profesional. Más tarde llega la hora del almuerzo y se vuelve a colocar sus audífonos para salir a fumar un cigarrillo sin acercarse a socializar con ninguna de sus compañeras. Eventualmente consume un plato de caldo y pasta en un restaurante cercano donde se sienta en completa soledad. Al finalizar su descanso, regresa a terminar su turno para así volver al mismo departamento donde inicialmente la vimos. Se cambia de atuendo y se viste con pijama, se acuesta y vuelve a dormir bajo el arrullo de lo que sea que está apareciendo en televisión. A la mañana siguiente, el ciclo se repite.

Con Aloners, resulta muy interesante ver reflejado en pantalla lo que hemos experimentado casi todos los que tuvimos el privilegio (o tenemos) de trabajar desde casa ante la irrupción de la pandemia debido al COVID-19. Esa reclusión social, la soledad, la depresión y el miedo constante que nos da conectar con otras personas son los temas centrales de esta película escrita y dirigida por Hong Sung-eun. Debido a sus características, esta película también se convierte en un análisis más que acertado sobre el cómo las nuevas generaciones son cada vez más dependientes de los gadgets y tecnologías. De cómo esto ha generado una desconexión total sobre lo que nos rodea, donde cada vez es más común estar ensimismados en una constante apatía y por ejemplo, no conocer el nombre de tus vecinos. Estamos tan absortos en nuestros propios sentimientos y en simplemente sobrevivir bajo un riguroso sistema capitalista que nos consume desde el momento en que nacemos hasta que desaparecemos de la faz de la tierra, que nos hemos olvidado del poder y significado de cinco letras juntas: VIVIR.

¿Acaso tener una vida con estas características es algo que verdaderamente vale la pena? ¿Nuestro miedo a crear conexiones y relaciones significativas acaso es mayor al de preferir pasar una vida en soledad? La vida está llena de riesgos y momentos difíciles que siempre cuestionarán aquello en lo que creemos, pensamos o sentimos. Está llena de sonrisas y llantos. De abrazos y besos, corazones rotos. No es fácil continuar ante la incertidumbre de lo que nos depara el futuro; da miedo, lo sé y tú también. Pero a veces solo se necesita un pequeño esfuerzo para salir de nuestro caparazón para poder sentir el viento y el sol en nuestro rostro nuevamente. Ver a los ojos de esa persona que te interesa cuando te pone al tanto de su día a día mientras tú sonries de forma inesperada. Es cierto que la pandemia llegó para quedarse y nos ha robado mucho. Lo seguirá haciendo, pero como una persona que ha sufrido de depresión y ansiedad te puedo garantizar que lo mejor está por venir, simplemente no te rindas.

Una película como Aloners era necesaria para reflejar lo que muchos sentimos o hemos vivido en estos tiempos tan inciertos. Es dolorosa y conmovedora a partes iguales y aunque tiene ciertos aspectos que tal vez no logren conectar con su audiencia al 100 por ciento, su mayor acierto radica en lograr hacernos reconsiderar el cómo hemos vivido o estamos viviendo nuestra propia actualidad. Pocas obras logran trascender a un nivel emocional con los espectadores, pero este trabajo tan bello y sincero, sin pretensión alguna logra eso y más.

Calificación
4.5