Review de «Exodus: Gods and Kings»

Como el título bien lo indica, la nueva cinta del director Ridley Scott, Exodus: Gods and Kings se basa en el libro del éxodo que para los conocedores del antiguo testamento no es otra cosa sino la liberación del pueblo judío liderados por Moisés. El cine ha tenido infinidad de versiones relacionadas con el tema, siendo las más populares “Los diez mandamientos” del gran Cecil B. De Mile que significó un parteaguas técnico y visual en la historia del cine y más recientemente “El príncipe de Egipto”, musical animado de DreamWorks que puso fin al reinado de Disney en los noventas. Sin embargo, la versión de Scott se encuentra muy por debajo del impacto que representaron sus antecesoras a pesar del avance tecnológico de la actualidad.

Con varias libertades narrativas, la cinta nos presenta a un Moisés (Christian Bale) que más que un príncipe de Egipto es algo así como la versión bíblica de Maximus el Gladiador (cinta de Scott que ganara el oscar), un general con un extraordinario don para liderar batallas y una mente sumamente estratégica, motivo por el cual, el emperador lo aprecia muy por encima de su hijo Ramsés (Joel Edgerton), quien si bien admira al que cree su primo, no deja de sentir cierto recelo ante éste.

Un buen día, Moisés recibe la noticia de que es judío y al nacer fue llevado por su hermana al palacio real donde fue criado como egipcio. Dicho rumor llega a los oídos del ya emperador Ramsés, quien tras la noticia, condena a Moisés al más terrible exilio. En su camino, Moisés es ayudado por Séfora (María Valverde) una hermosa mujer a la que desposa y con quien forma una feliz familia por muchos años, hasta que un día, se aparece ante él un misterioso niño que proclama ser “el que soy” y le ordena liberar a su pueblo judío del yugo egipcio.

El resto de la historia la mayoría la conocemos, el problema con la cinta de Scott es que si bien sabemos cuál será el desenlace, lo mínimo que se espera al hacer una nueva versión son efectos visuales espectaculares, mismos que caen en la mediocridad y no logran sorprender en ningún momento. La cinta de De Mile realizada en 1956, presentaba una sensacional secuencia de los judíos atravesando las aguas del mar rojo, en ésta versión ese momento tan climático es una de las partes menos sorprendentes y absurdas en su fallido intento por parecer realista.

La adaptación por su parte deja mucho que desear, y es quizás ahí donde encuentra el principal problema del filme, el desarrollo de personajes es sencillamente patético. Ramsés se convierte en un villano despiadado que pinta para tal desde el primer momento que aparece en cuadro. Uno de los aspectos más interesantes de la historia de Moisés es su relación con Ramsés así como las perspectivas y convicciones tan particulares que separan a ambos personajes. Dicha complejidad se pierde por completo cuando uno es simplemente bueno y heróico y el otro es cruel y despiadado. La peor parte llega con el intento de humanizar a Dios en la piel de un niño terrorífico que parece una mezcla entre Damien y Chucky, sin dejar de lado que es un Dios vengativo que se enoja y encapricha cual hombre.

Las actuaciones no brillan a pesar de un elenco de primer nivel, principalmente por los pocos elementos que les brinda el guión para desarrollar sus personajes. Christian Bale sale airoso y logra mantener la atención y el peso del filme, aunque será uno de sus personajes más olvidados. Joel Edgerton que sorprendió en sus inicios en filmes australianos, parece haber perdido el toque o quizás no ha sabido elegir del todo bien sus proyectos en Hollywood, se siente tan sobreactuado y antipático como lo vimos en “El Gran Gatsby”. Mención especial a Sigourney Weaver, quien se vuelve a reunir con su director de “Alien”, clásico ciencia ficción que inmortalizó a ambos, por lo que se esperaría al menos un personaje que tuviera cierta relevancia o impacto, no una triste participación intrascendente con menos tiempo en pantalla que un cameo.

Visualmente, si bien la cinta es una superproducción y tiene más de alguna batalla impresionantemente orquestada, el diseño de producción y vestuario de la mano de los colaboradores de cabecera de Scott, Arthur Max y Janty Yates respectivamente, no logran transportarnos a la época o momento bíblico que desea representar. Más que la historia de Moisés, por momentos parece una prolongación de otras cintas del director como Gladiador, Robin Hood o Cruzada, principalmente esta última. Por su parte el score de la mano del gran Alberto Iglesias (fiel colaborador de Almodóvar) y la fotografía de Dariusz Wolski (Sweeney Todd) son quizás los puntos más rescatables y sobresalientes del filme.

“Exodo: dioses y reyes”, más que una película fallida, se siente como una completamente innecesaria, que no aporta nada técnica ni emocionalmente a la fuente en que se basa y solo sirve de vehículo para engrandecer otras versiones del tema que a pesar de su época son inmensamente superiores. El peor “pecado” del filme, es un director en cuya filmografía se encuentran cuatro o cinco obras de culto y a últimas fechas parece plagiarse a sí mismo con intentos desangelados de sus glorias pasadas.

Título original: Exodus: gods and kings (EUA, 2014)

Director: Ridley Scott

Elenco: Christian Bale, Joel Edgerton, Aaron Paul, Ben Kingsley, María Valverde, Sigourney Weaver, John Turturro

 

“Exodo: dioses y reyes”, más que una película fallida, se siente como una completamente innecesaria, que no aporta nada técnica ni emocionalmente a la fuente en que se basa y solo sirve de vehículo para engrandecer otras versiones del tema que a pesar de su época son inmensamente superiores.
Nota de lectores5 Votos
5
Lo Mejor
Algunas batallas bien ejecutadas
El score de Alberto Iglesias
La fotografía
Lo Peor
Ejecución muy por debajo del talento demostrado por su director en cintas épicas como "Gladiador"
Efectos visuales intrascendentes (demeritando a la fotografía)
Mediocre adaptación que se toma severas libertades y desarrolla pobremente a sus personajes
6