El mes de Diciembre se caracteriza por contar con pocos estrenos relevantes, en su mayoría son algún blockbuster y películas “navideñas” o comedias de poco nivel narrativo, pero a veces sale algún filme que rompe esa tradición. Este es el caso de St. Vincent, una película protagonizada por Bill Murray que honestamente se ganó mi atención a los primeros cinco minutos de estarla viendo.
La historia nos ubica en la vida de un “cascarrabias” llamado Vincent, quién es un alcohólico, adicto a las apuestas y mujeriego por igual. Su ritmo de vida se ve afectado en cuanto su nueva vecina Maggie (Melissa McCarthy) le pide a este hombre que cuide de su hijo Oliver (un fenomenal Jaeden Lieberher) mientras ella trabaja; es así como comienzan una inusual amistad este par de curiosos y carismáticos personajes que involucrará juegos de azar y mujerzuelas (una hilarante Naomi Watts).
No les puedo contar más puesto que les estaría arruinando el chiste de la trama pero sí puedo decirles lo siguiente, Bill Murray y Jaeden Lieberher se llevan la película en cada momento que comparten la pantalla. Su química es evidente, gracias a ello sacan a flote una historia que cuenta con muchos clichés dentro del género, huecos narrativos, diálogos o escenas que bien pudieron hacer caer al filme en territorio de bodrio, lo cual también indica una muy buena dirección por parte de Theodore Melfi.
A pesar de sus evidentes desventajas, uno que otro comercial al stop the bullying y personajes desaprovechados, St Vincent es una película honesta, con dos protagonistas muy bien diseñados y muy bien actuados, que te harán reír o incluso llorar en un descuido, una bocanada de aire fresco en estas fechas en donde los buenos filmes escasean.
- Jaeden Lieberher y Bill Murray
- Naomi Watts
- Un grandioso soundtrack
- Huecos en la trama
- Clichés del género
- Personajes secundarios poco explotados