Actualización: el documental puede ser visto a través de Filmin Latino y Cinépolis Klic a partir del día de hoy.


Actualización: Ya pueden ver el documental al darle play al video en esta nota.


El día de ayer el equipo de Konexión tuvo la oportunidad de realizar una entrevista telefónica a Hari Sama, director de películas como Sin Ton Ni Sonia, El Sueño de Lu, Despertar El Polvo Sunka Raku; con motivo del estreno de su cortometraje documental Ya Nadie Toca El Trombón, el cual se centra en la figura y ausencia de Cuberto Ortíz Ramos, una de las víctimas del trágico evento ocurrido en Ayotzinapa en el 2014.

A su vez, en esta publicación podrán ver el documental Ya Nadie Toca El Trombón a partir de las 00:00 AM del 26 de septiembre (en tan solo unas cuantas horas) y estará disponible hasta las 23:59 PM de ese mismo día, previo a su estreno en las plataformas digitales de Filmin Latino y Cinépolis Klic.


 

A continuación les compartimos una transcripción de la entrevista:

 

 

Han pasado 15 años desde el estreno de tu primer largometraje en salas de cine. Donde a lo largo de esos años también has podido estrenar otras 3 películas ¿Actualmente cómo te consideras dentro del ámbito cinematográfico en México con una carrera tan extensa?

Pues mira no sé. Mi primer película es un trabajo que desde luego es importante para mí, porque fue la primera y pasaron cosas que también me han afectado para convertirme en una persona, que de alguna manera soy en este momento, pero sí te diría que después de esa película (Sin Ton Ni Sonia) fui descubriendo un lenguaje que es el que realmente me pertenece. Después de esa película vinieron un par de cortos. Esos cortos empezaron a significar mucho para mí ya que empecé a trabajar como de otro lado, tratando de estar un poco más cerca de los personajes. Conseguir una profundidad mucho más marcada con respecto a lo que les pasa a mis personajes y cómo se retratan. La siguiente película que hice fue El Sueño de Lu, a la cual le tengo un inmenso cariño, siento que es una película muy especial para mí.

Claro, de hecho, si mal no recuerdo, tuvo una mención especial en el Festival de Cine de Morelia ¿cierto?

Así es, tuvo una mención especial en Morelia. Aparte Úrsula, la actriz principal, ganó muchísimos premios como mejor actriz. Ganó el Ariel, ganó en Málaga, ganó en Shanghai que quizá fue el premio más importante porque compitió contra Charlotte Rampling y muchas otras actrices importantes a nivel mundial. Es una película con la que de alguna manera logré entender cómo es que quería comunicarme con el universo a través del cine y desde qué lugar me iba yo a exponer en mis películas. A partir de eso mis películas son hasta cierto punto, autobiográficas y tienen como una especie de búsqueda humanista, las cuales tienen una especie de recelo hacia el juicio ya que no me gusta juzgar a mis personajes. Sino tratar de verlos con mucha compasión, a pesar de que ellos están en situaciones de mucho dolor y tormento. Luego hice el corto de La Tiara Vacía, después Despertar El Polvo, después por ahí está el documental Sunka Raku y actualmente Ya Nadie Toca El Trombón. Y siento que mi búsqueda ha continuado por varios territorios. Hay varios intereses que siento que siguen ahí y que tienen como fundamento el no responder preguntas, sino hacerlas. Siento que de existir alguna respuesta, está escondida en algún lugar muy profundo y no me corresponde a mí responderla o dar las respuestas, sino más bien elaborar las preguntas y acompañarme de aquellas personas que también persigan el mismo fin. Entre las preguntas entra la paradoja y en la paradoja está el misterio, ahí hay mucho que aprender. Así que sí, mi cine tiene mucho de ese corte, tratar de ser humanista, de ser muy doloroso pero al mismo tiempo luminoso y de ofrecer esperanza aún en los momentos más terribles.

Por supuesto, estoy de acuerdo. El cine tiene el poder de reunir a todas las artes y de esta forma provocar o evocar sentimientos en el espectador. Pero, ¿existe algún evento en particular que haya provocado esta evolución dentro de tu filmografía?

No lo sé, seguramente hay muchas cosas. En primer lugar, mi primera película es un trabajo que es un poco más pop, es una película que fue hecha por alguien mucho más joven, donde paradójicamente la escribí junto con Luis Felipe Fabre, que hoy por hoy es quizá uno de los poetas más importantes de su generación que hay en México en este momento. Nos sentamos, ninguno de los dos teníamos trabajo. Yo quería contar algo sobre los intentos de pareja que tenía hasta ese momento en mi vida. Estábamos en nuestros 20’s y quisimos hacer una película que fuera irreverente, juguetona, una comedia muy extrema y estridente. La verdad es que la pasamos muy bien escribiéndola, ya que recordábamos cosas sobre nuestras vidas, de amistades y honestamente la forma de escribir el guion fue muy desmadrosa. Fue un acto creativo del que no me arrepiento para nada. Sin embargo, el resultado me dio la impresión de que no era la película con la que tal vez me hubiese gustado iniciar. Siento que quizá existió una falta de visión sobre este mundo del cine. Fue una casualidad que Columbia Pictures recogiera la película y que la haya estrenado tan grande como lo hizo, ya que siendo una película tan rara me parecía increíble que ellos creyeran que iba a recaudar mucho dinero. Por lo cual siento que arranqué con el pie izquierdo mi aventura cinematográfica con esa película. Con esa decisión de hacer una película de desmadre.

¿Qué enseñanza te dejó dicha experiencia?

Descubrí un montón de cosas a nivel personal. Empecé a entender cómo funciona la crítica, lo que significaba para mí el juicio que los demás emiten sobre mi trabajo. Entonces me alejé un rato del cine, hasta que regrese con un par de cortometrajes que si bien eran de comedia, transitaban hacia un espacio más realista, en los cuales empezó a surgir poco a poco mi visión actual. Esa visión me llevó a lo que se convertiría en El Sueño de Lu posteriormente.

Entiendo. Ahora, con respecto al estreno de Ya Nadie Toca El Trombón, un documental filmado en el 2016 que se enfoca en Cutbero Ortíz. Una de las víctimas del secuestro y posterior asesinato de un grupo de estudiantes en Ayotzinapa. ¿Qué nos puedes contar sobre este proyecto y la razón por la cual elegiste a Cutberto como tu protagonista?

Así es, fue filmado en 2016. Ahí lo que sucedió es que en primera instancia Amnistía Internacional nos convocó a mí y a otros colegas para crear una especie de ómnibus cinematográfico el cual iba a ser formado por 43 cortometrajes, muy pequeños, donde ellos los iban a unir para convertirlo en un largometraje. Entonces decidí formar parte ya que me pareció que todos estábamos aún muy heridos por este caso, por lo cual me pareció muy importante participar. Desde que me invitaron lo primero que se me vino a la mente fue la imagen de la tía de la del valle, la plétora de personas de la clase media mexicana que tienen que defenderse de este tipo de situaciones casi día a día. Yo llegué a escuchar a muchas personas decir cosas tipo «Si está mal, pero estos chavos eran unos revoltosos, unos grillos, se lo merecían», lo cual me parece una completa aberración. Me parece aterrador que algo así pueda ocurrir en México, entonces decidí realizar este documental para toda esa gente y me pareció que la única forma de conectar con ellos es a través de una película humanista; que fuera muy compasiva, muy cercana, muy profunda. Entonces este es un documental sobre uno de estos jóvenes, de su ausencia en su comunidad. De ahí me puse a leer sus biografías, hasta que di con Cutberto, con quien conecté de inmediato, ya que es muy importante para mí sentir alguna clase de conexión con la historia que deseo contar. Este joven tocaba el trombón en la banda del pueblo, tenía una relación especial con su abuela y yo siendo músico y también teniendo una relación muy bonita con mi propia abuela, entonces me di cuenta inmediatamente de que había encontrado a mi personaje.

Me imagino que fue muy difícil convencer a la familia de realizar la filmación de este documental, debido a la sensibilidad del tema ¿no?

Sí, un poco. No es algo por lo que necesariamente querían transitar de nuevo. Pero creo que lo más pesado fue ya que se terminó la filmación, ya que fue muy duro y desgastante para ellos, emocionalmente hablando. A pesar de que yo sé lo que es perder a un hijo, porque es una cosa terrible, jamás imaginé que la realización del documental iba a ser tan dura para ellos.

Claro, y creo que resulta muy importante que nosotros como sociedad no olvidemos a estas víctimas, víctimas de algo tan terrible. Algo que me resulta muy alarmante es que durante los últimos años, algunos de los mejores documentales mexicanos tengan como temática central lo que es la violencia, la injusticia e impunidad en nuestro país. ¿Tú crees que con el clima político actual, de transición de poder centrada en la figura y relevo del presidente nacional, esto pueda mejorar o empeorar? ¿O tal vez que pudieran existir más casos como el de Ayotzinapa?

Pues yo tengo un anhelo enorme de que algo cambie. Considero que existe un problema sistémico que no depende de una sola persona. No creo que sea tan fácil, pero sí siento que hay una voluntad política de querer hacer las cosas de una manera distinta. No nos queda mas que esperar, estamos muy cerca del momento de la verdad. Sí tengo esa esperanza, pero no está nada fácil. El país ha sido diagnosticado con tener una crisis muy grave de derechos humanos por parte de la ONU, así como también la corte interamericana de derechos humanos, etc. Evidentemente México es un país que está enfermo y creo que ni el gobierno ni la ciudadanía han estado dispuestos a resolver el problema. Existe mucho la no aceptación de esta situación. Por eso, mi intención con el cortometraje es plantar una semilla contra esta des-humanización y que ojalá, algunas mentes que solo vean a estas víctimas no son números, sino que todas estas cifras son seres humanos. Que tienen abuelas, compañeros, que tienen primos, que tienen padres, tal y como nosotros, somos exactamente lo mismo. Y hasta que no nos veamos como iguales, no vamos a poder hacer frente a esta violencia.

Estoy totalmente de acuerdo y esperemos que ese cambio pueda ser lo más pronto posible. Pero para ya no seguir con un tono tan trágico, ¿Cuál es tu opinión sobre el panorama actual del cine mexicano?

Yo creo que es un muy buen momento para el cine mexicano. Siento que a nivel producción de películas, está pasando por uno de los mejores momentos de su historia. Creo que poco a poco se han logrado recuperar algunos espacios públicos para difundir nuestro cine, sin embargo, creo que existe un problema de públicos. Específicamente para el cine que no es de corte comercial, el cual es el cine más rico e interesante en mi opinión. Me parece que hace falta una especie de inversión sistemática y sistémica en la generación de públicos. Por ejemplo en el sistema educativo mexicano. Siento que el cine tiene una responsabilidad en ese sentido. Actualmente IMCINE lo hace de alguna forma, pero creo que todavía se puede llegar mucho más lejos. Apuntar a los chicos de primaria, secundaria y prepa. Para lograr acercarles a un cine diferente al que solo es pura diversión, de juegos, de entretenimiento. El cine de hollywood y que es el que realmente le interesa a las cadenas de cine de nuestro país.

Hablando de cine diferente, actualmente te encuentras en post-producción de Esto No Es Berlín, tu siguiente largometraje de ficción. ¿Qué nos podrías comentar sobre este proyecto y la razón por la cual es tan personal para ti?

Correcto, estoy en la post. Pues mira, es una película casi autobiográfica que habla sobre mi adolescencia en el México de finales de los 80. Es una película en la que reviso cosas muy fuertes e importantes de mi vida personal. Una familia fracturada, el llevar a cabo una investigación acerca de encontrar un lugar, un espacio en la vida; cuando te sientes totalmente separado de tu familia e incluso de ti mismo. Aunque ahorita te platico estos detalles como si fueran cualquier cosa, la realidad es que mis años de terapia no me prepararon para lo duro, profundo y radical que sería esta experiencia.

Bueno, pues no me queda mas que desearte la mejor de las suertes para este proyecto.

No pues muchas gracias a ti, gracias por la oportunidad. Es un privilegio.

El privilegio fue nuestro. Te agradecemos nuevamente la amabilidad con la que nos atendiste y concediste esta pequeña entrevista.